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Religión, religarreunir, reconectar

 

 

Nos reunimos, nos volvemos a unir; necesitamos y buscamos reconectar con nosotros mismos, con lo más hondo…

 

Las religiones nos dan diversas respuestas… y al tiempo las ahogan, pues no solo nos muestran la divinidad o trascendencia, sino que cortan las alas muchas veces; nos envuelven en ritos y tradiciones, en dogmas y seguridades, en obediencias y sumisiones, abdicando de nuestra conciencia y libertad.

 

Pero en sí la religión no es más que recuperar la dimensión quizás olvidada, quizás perdida… quizás secuestrada y ocultada por los señores del engaño, padres de las mentiras, siervos del poder y la vanidad.

 

Recuperar la religión, recuperar la dimensión humana, ha de ser un esfuerzo. Y es un esfuerzo porque quien se apoderó de ella, no renunciará fácilmente; y aún un doble esfuerzo porque quien la sufrió no querrá hablar de ella fácilmente…

 

Digamos religión, no digamos nada, digamos lo que sea, pero vivamos humanidad… humanidad reconectada al Espíritu, humanidad religada y liberada, religada a su misma esencia y liberada de caminos e imposturas.

 

No olvidemos que Jesús no quiso religión ni estructura más allá de lo que hace el amor y el servicio. No olvidemos tampoco que el Espíritu es el que ha de guiarnos para saber responder en cada tiempo y lugar. No dejemos unas cadenas para buscarnos otras… renunciar a la intolerancia, pero sin abrirnos al Espíritu.

 

Tiene nombre, tiene una leve estructura, tiene una realidad legal… solo lo necesario para amparar el camino, como un paraguas en oferta… a veces agrada sentir la lluvia caer sobre el cabello, descender por la piel, fresca y llena de vida… a veces habrá que acudir al paraguas, para evitar el duro granizo, aunque sin olvidar la lluvia que empapa y fecunda. En este sentido no busca ser más que el apoyo organizativo que a veces se puede necesitar, el apoyo legal de la sociedad moderna que a veces resulta inevitable.

 

Es el sueño del Evangelio y la fraternidad. Es el sueño de Jesús, que se levantó del sueño de la muerte lleno de vida, y dador de vida. Así es este sueño nuestro, no de muerte sino de vida.

 

Ya no hay hombre o mujer, no hay condición social ni cultural, ni religiosa o cualquier otra. Solo el grito en el desierto, la llegada del Reino, en paz, amor, en justicia e igualdad.

 

La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas busca reunir a estas fraternidades, a estas comunidades o iglesias domésticas, sin que pierdan autonomía, sin que pierdan su voz profética. Habrá muchas que se reúnan en otros nombres… pero todas en un solo Nombre, un único Pastor, el que ha vuelto para mostrarnos el camino, enviado por el Padre.

Revivamos lo religioso, revivamos la comunidad, revivamos el camino de Jesús

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